17 jul. 2015

EFECTO DEL CAMBIO CLIMÁTICO EN LA VEGETACIÓN URBANA

En un futuro no muy lejano muchas zonas del planeta que en la actualidad se encuentran habitadas perderán esa condición por un largo tiempo. En similar horizonte de tiempo, otras zonas que en la actualidad son inhóspitas por el intenso frío que reina en ellas, presentarán temperaturas que permitirán cultivos y producción de alimentos. No es extraño que Rusia haya propuesto a Estados Unidos N.A. la construcción de un túnel que corriendo bajo el Estrecho de Bering comunique Eurasia con Alaska. La aridez se acentuará en las zonas que en la actualidad son mediterráneas y/o semidesérticas.

De esta forma el cambio climático atenta contra la idea de desarrollo sustentable, detrás del cual subsiste la idea que radica en la posibilidad de satisfacer las necesidades de la generación presente, sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras de satisfacer sus propias necesidades, expectativas que el cambio climático está cambiando lentamente. La humanidad no está en condiciones de asegurar para el futuro que la población de amplios territorios que en la actualidad son confortables podrán satisfacer sus propias necesidades, al menos no de la misma forma que las satisfacemos las generaciones actuales.

Las ciudades son conocidas como islas de calor por presentar enormes superficies de asfalto o cemento que son calentadas por los rayos del sol. El enorme albedo que producen contribuyen a calentar los gases de efecto invernadero que los vehículos que corren por sus calles envían a la atmósfera. La vegetación urbana es más bien escasa y son pocas las ciudades que pueden obtener el título de sustentables. En nuestro hemisferio la vegetación urbana es abundante en comunas de mayores ingresos y escasa en comunas pobres, como si germinar semillas fuera una tarea de enorme dificultad. Al parecer las profesiones que planifican las urbes tampoco están enteradas de estos valiosos conocimientos.


Malas prácticas que atentan contra la vegetación urbana

Cerros Islas: Se inició la reforestación de los cerros Santa Lucía y San Cristóbal  a fines del 1800 y a partir de 1910 respectivamente, los que hasta la fecha no han sido contabilizados en las estadísticas de áreas verdes urbanas. De forma coherente con la segregación urbana impuesta por las elites, fueron olvidados los cerros islas ubicados en zonas populares al poniente de la ciudad, entre los que se encuentran, entre otros, los Cerros de Renca, Cerros de Lo Aguirre y Cerros de Chena. En el último lugar señalado algo se está intentando hacer, aunque no se tiene una planificación anualizada para toda la cabida de este Parque Natural.

Áreas Verdes: El criterio urbanista aplicado en nuestras ciudades, que se fundamenta en el enfoque higienista del siglo XVII, ha dado como resultado la creación de parques urbanos. Esta alternativa genera ciertas expectativas en reducidos sectores urbanos que cuentan con terrenos suficientes para crear parques o plazas.

Quebradas Parques y Bosques Urbanos:  corresponden a retazos de vegetación nativa que han quedado insertos en zonas urbanas. En el caso de las ciudades que se encuentran ubicadas a los pies de la precordillera andina, las quebradas parques y los bosques urbanos suben por las laderas varios kilómetros hasta llegar al límite de las nueves eternas. Esta vegetación es abundante y, a pesar de presentar una alta visitación, no ha sido considerada en las estadísticas de áreas verdes urbanas.
 
Arborización de calles y avenidas: son numerosos los problemas que enfrenta esta línea de trabajo, entre las que destaca el que se cuenta solamente con pequeños arbolitos forestales para establecer en calles y avenidas; que las especies que se utilizan son pocas y siempre las mismas las que alcanzan un tamaño adulto muy superior al espacio disponible en muchas calles; el uso desmedido en árboles adultos de eliminación o mutilación de ramas para disminuir su tamaño; la desprotección de los árboles singulares.

Criterios que impone el cambio climático en Chile.

La disminución e irregularidad latitudinal de las precipitaciones en nuestro país, que ha hecho que algunos señalen que el desierto de Atacama está avanzando hacia Santiago o que las viñas y otros cultivos agrícolas se trasladen hacia las regiones VIII, IX y X, afectan a la vegetación urbana generando desaparición de especie y muerte de árboles. Sabemos que en Caleu, comuna de Til Til maitenes (Maytenus boaria Mol.) adultos han muerto en pie producto de la sequía que nos afecta; observamos que individuos adultos de especies como Falso acacio (Robinia pseudoacacia L.) y algunas coníferas (Pinus radiata D. Don. entre otras) también han muerto en pie producto de la mutilación (poda) a que han sido sometidos, siendo afectados por la pérdida de agua que han sufrido a raiz de las heridas que se les han ocasionado; la escasa floración y temprana caída de las hojas en árboles urbanos es otro de los síntomas que afecta a la vegetación urbana.

Falsos acacios (adelante) y acer (al fondo) muertos producto de mutilaciones y sequía

Sabemos que los árboles urbanos no son regados ya que corresponde a un gasto que no ha sido considerado en los presupuestos municipales, práctica que antiguamente era preocupación de los vecinos. También sabemos que para evitar la caída de ramas y subsecuentes demandas, que las hojas que caen en otoño tapen canaletas y alcantarillas, que los vecinos se molesten con los árboles que les impiden estacionar autos en las veredas, etc, las municipalidades mutilan, talan y no reponen los árboles que se han perdido.

En este contexto, es evidente la importancia que tiene la elección correcta de las especies arbóreas que se deben utilizar en la ciudad. Árboles que no sean exigentes en consumo de agua; de tamaño adulto más bien pequeños, que no demande la mutilación de sus ramas para achicarlos; que no boten sus hojas en otoño (perennes) y que en ellas tengan adaptaciones que eviten la pérdida de agua por evapotranspiración, entre otros aspectos.

Los árboles son muy necesarios y su presencia no solo captura CO2 que es el principal gas que causa el efecto invernadero, sino que su sombra posibilita el calentamiento del suelo, evitando así que se produzca albedo que es el calor que irradia la superficie del suelo calentada por los rayos del sol.



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