Si realizas en Google (o en tu buscador favorito) la siguiente búsqueda: "El bosque esclerófilo se está secando", recibirás de regreso unos 50 link respecto justamente el efecto de la sequía sobre la vegetación natural de las regiones IV a VI, que no es otro que un alto número de árboles secos en la Cordillera de la costa y la precordillera de Los Andes. El 14 de agosto de 2011 el diario La Tercera publicó un artículo titulado "La agonía del bosque de San Carlos de Apoquindo". Si te fijas en la fecha, esa publicación fue justo en el año en que estaba comenzando la actual sequía. Por mi experiencia profesional sabía también que a esa fecha los maitenes (Maytenus boaria) de la cuesta La Dormida, comuna de Til Til, se estaban comenzando a secar en pie.
Quizás algunos de ustedes no lo recuerde pero los primeros Planes de Prevención y Descontaminación Atmosférica de la Región Metropolitana (PPDA) contemplaron compensaciones ambientales por forestación, adoptados como medidas que buscaban generar un efecto positivo equivalente a un impacto adverso que no se pueda mitigar o reparar. El PPDA estableció que la compensación a las emisiones de material particulado se puede hacer mediante la generación y mantención de plantaciones forestales.
Fueron muchas las empresas que para cumplir con compensar sus emisiones de material particulado en la Región Metropolitana invirtieron ingentes sumas de dinero, compromiso que se materializó a través de la contratación de diversas empresas y ONG´s que realizaban las plantaciones de árboles en el número de hectáreas comprometidas. La especie favorita era el quillay, respecto de la cual los expertos de aquella época tenían grandes expectativas. Estas forestaciones contaban con riego y se debían mantener por cinco años. Ocurrió que luego de cinco años, una vez abandonas a su suerte se secaron todas. Fue tanto así que las empresas solicitaron que se aprobara compensan en regiones diferentes a la Metropolitana, donde hubieran mejores condiciones. Esto ocurrió entre los años 1990 -2010 aprox.
Finalizando
Ya sabemos que es lo que ha ocurrido con las plantaciones que se han establecido en la Región Metropolitana en décadas anteriores, experiencia acumulada y aprendida por muchas consultoras y ONG's, las que fueron establecidas con condiciones mucho mejores que las actuales, cuando se utiliza riego. Pensando en que las especies que se han utilizado en el pasado gozaban y gozan de prestigio en cuanto a resistencia a la sequía, a diferencia del maitén.
También sabemos que el bosque natural de la región, el bosque esclerófilo, se está secando. Entonces ¿Cómo este ecosistema podrá sostener plantaciones de árboles nativos mucho más complejas y que requieren mucha más agua para sostenerse en el tiempo? ¿Cuánta agua se puede gastar en la "versión Metropolitana de bosques Miyawaki", si en varias oportunidades hemos estado a un paso de racionar el agua para consumo humano?
Es triste ver como, con mucho peores condiciones climáticas que en el pasado, se busca implementar la misma solución que sabemos que no prosperó. Se dice que el ser humano es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra, y aquí hay otro ejemplo claro de aquello. Sería lamentable si detrás de estas nuevas antiguas iniciativas se estuvieran gastando recursos públicos.
Santiago JM Del Pozo Donoso
Experto en Gestión de Arbolado Urbano
Ingeniero Forestal