21 ago 2026

LA PODA NO TERMINA CON EL CORTE: EL TIEMPO TAMBIÉN IMPORTA EN LA DEFENSA DEL ÁRBOL

Cuando se realiza una poda, habitualmente se considera que el momento decisivo es el corte: si este se ejecuta correctamente, respetando la arquitectura de la rama, el árbol debería ser capaz de delimitar la herida y reducir el avance de los hongos. Esta concepción ha tenido una enorme influencia en la arboricultura durante décadas. Sin embargo, la evidencia revisada en este trabajo muestra que la respuesta del árbol no termina con la ejecución de la poda. Por el contrario, el corte inicia una secuencia de procesos fisiológicos que se desarrollan en el tiempo y cuya interacción determina el resultado final de la herida.

Nota: Este artículo puede ser bajado completo desde Zenodo.org

La Branch Protection Zone (BPZ) o Zona de Protección de la Rama constituye un componente fundamental de esta respuesta. No se trata de una barrera que aparece instantáneamente después de realizar el corte, sino de una respuesta inducida que requiere actividad metabólica de los tejidos vivos. Después de una herida se producen modificaciones químicas y anatómicas, entre ellas acumulación de compuestos fenólicos, cambios en la actividad enzimática y modificaciones del pH. Estas respuestas comienzan tempranamente, pero su consolidación puede requerir días, semanas o meses, dependiendo de factores como la especie, la edad del tejido, las reservas disponibles y el estado fisiológico del árbol.

Este aspecto introduce una dimensión temporal que habitualmente queda oculta cuando se evalúa una poda solamente por la posición y geometría del corte. La compartimentación que finalmente observamos en una sección transversal no representa un proceso único, sino el resultado de la interacción entre dos procesos independientes: por una parte, el tiempo de consolidación de la defensa inducida y, por otra, la velocidad de avance de la colonización fúngica. Cuando se afirma que una especie "compartimenta bien", se está describiendo el resultado agregado de esa interacción, pero no necesariamente se conoce cuál de los dos procesos fue determinante.

Esta distinción permite reinterpretar de manera más precisa el concepto de compartimentación. El término describe el resultado observado después de una herida: una zona de decoloración o reacción que delimita el tejido afectado. Pero ese resultado es retrospectivo. Para comprender el riesgo de una poda es necesario preguntarse qué ocurrió antes de llegar a esa configuración. Si la defensa inducida se consolida antes de que la colonización avance significativamente, el árbol puede limitar el desarrollo de la alteración. Si el hongo avanza más rápidamente, puede superar el territorio donde posteriormente se establecerá la defensa. En consecuencia, el resultado depende de una verdadera carrera entre ambos procesos.

La investigación desarrollada en Alemania mediante el denominado Método Hamburgo de Poda aporta una evidencia particularmente relevante. En Tilia se realizaron seguimientos de heridas de poda durante períodos prolongados, con evaluaciones realizadas al año, cuatro, seis, nueve y diez años después de los cortes. Esta serie temporal permitió observar que la zona de reacción formada después de una herida no debe considerarse necesariamente una barrera permanente. Los investigadores documentaron casos en los que microorganismos penetraron posteriormente la zona de reacción y produjeron nuevas áreas de decoloración alrededor de la zona original.

Este hallazgo tiene una consecuencia importante para la interpretación de las heridas de poda. Una zona de reacción correctamente formada puede representar una defensa eficaz en un determinado momento, pero no constituye necesariamente una estructura permanente e impenetrable. La interacción entre el árbol y los microorganismos puede continuar durante años. Por ello, una sección transversal realizada tiempo después de la poda muestra solamente el resultado acumulado hasta ese momento, pero no necesariamente permite reconstruir toda la dinámica que condujo a esa configuración. La defensa del árbol debe entenderse, entonces, como un proceso dinámico y no simplemente como una estructura estática que aparece una vez y permanece inalterada.

A esta dinámica defensiva se suma la propia biología de los hongos. La madera expuesta por una poda no enfrenta necesariamente un único episodio de inoculación ocurrido el día del corte. Existe una presión recurrente de esporas fúngicas en el ambiente y, además, algunos hongos xilófagos pueden encontrarse de manera latente en la albura funcional antes de que se produzca una herida. Investigaciones mediante técnicas moleculares han demostrado la presencia latente de numerosos hongos de pudrición en la albura de árboles aparentemente sanos. La colonización, por tanto, puede permanecer sin manifestarse durante períodos prolongados y hacerse evidente mucho después de producida la herida.

El trabajo utiliza como referencia principal Tilia y Platanus, dos géneros de importancia para el arbolado urbano. En Tilia existe una evidencia particularmente valiosa debido a la serie temporal desarrollada en Alemania, que permite estudiar la evolución de la zona de reacción durante varios años. En Platanus, en cambio, la evidencia disponible es diferente: existen estudios que reconocen la presencia de la BPZ y documentan respuestas defensivas frente a Ganoderma, pero no se dispone de una serie temporal equivalente a la existente para Tilia. El artículo mantiene explícitamente esta diferencia y evita presentar ambas especies como si contaran con el mismo respaldo empírico.

También resulta relevante distinguir entre el tejido vivo capaz de responder y el tejido que ya no posee esa capacidad. La zona de reacción corresponde a una respuesta activa del parénquima vivo de la albura. Cuando una poda expone duramen ya formado, la inducción de defensa solamente puede desarrollarse en el tejido vivo que lo rodea. El interior del duramen no puede montar una respuesta inducida equivalente porque carece de las células vivas necesarias para ello. Esta consideración ayuda a comprender por qué, en ramas de mayor edad, la zona de protección observada en una sección transversal puede manifestarse como un anillo periférico alrededor del tejido central.

El principal aporte conceptual del trabajo consiste, por tanto, en separar el resultado de la compartimentación de los procesos temporales que lo generan. La evidencia disponible permite sostener que la consolidación de la defensa inducida y la colonización fúngica poseen cronologías propias e independientes. Sin embargo, todavía no contamos con datos suficientes para expresar ambas variables mediante una métrica directamente comparable, por ejemplo, una velocidad de consolidación defensiva frente a una velocidad de avance fúngico en unidades equivalentes. Esta limitación no invalida el modelo; por el contrario, identifica una pregunta experimental que todavía debe ser resuelta.

La consecuencia para la gestión del arbolado urbano es significativa. La correcta ubicación del corte continúa siendo fundamental, y la investigación del Método Hamburgo de Poda respalda la importancia de respetar la arquitectura del cuello de la rama para favorecer la configuración de la zona de reacción. Pero la técnica de corte no constituye por sí sola toda la historia. También importan la capacidad fisiológica del árbol para responder, el tiempo necesario para consolidar esa respuesta y las oportunidades que tienen los microorganismos para colonizar el tejido durante ese intervalo. La evaluación del riesgo de una poda debería incorporar, por tanto, una dimensión temporal que habitualmente no aparece en las recomendaciones convencionales.

El propósito de esta investigación es hacer explícita una distinción que permite comprender mejor lo que esas investigaciones observaron. La compartimentación es el resultado visible; detrás de ese resultado existen procesos fisiológicos y microbiológicos que se desarrollan en el tiempo. Reconocer esta diferencia permite pasar de una interpretación estática de la herida a una comprensión dinámica de la interacción entre árbol y microorganismos.

Queda así planteada una pregunta central para la investigación futura: ¿cuál es la relación entre el tiempo que necesita un árbol para consolidar su defensa y la velocidad con que un hongo puede avanzar por el tejido expuesto? Actualmente la evidencia no permite responderla de manera cuantitativa, y tampoco existen datos suficientes para establecer con precisión esta relación bajo diferentes especies, edades de ramas, estados fisiológicos o condiciones climáticas. El propio trabajo identifica esta ausencia como una de las principales brechas de conocimiento.

La conclusión es sencilla, pero tiene importantes implicancias para la arboricultura urbana: una poda no termina cuando termina el corte. El corte inicia una secuencia de procesos que puede prolongarse durante meses y años. Comprender esa secuencia permite valorar la poda no solamente desde la geometría de la herida, sino desde la capacidad del árbol para defenderse y desde la dinámica de los organismos que intentan colonizar sus tejidos. En definitiva, para gestionar adecuadamente un árbol urbano no basta con saber dónde cortar; también es necesario comprender qué ocurre en el árbol después de cortar.

 

Santiago JM Del Pozo Donoso
Experto en Arbolado Urbano
Ingeniero Forestal  
santiagojm.delpozod@gmail.com  

 

25 jun 2026

Nuevos desafíos para la Gestión Sustentable del Arbolado Urbano en Chile

Como resultado de 15 años de sequía y la contumacia de hacer daño a los Árboles Urbanos mediante la aplicación de: podas indeseables basadas en los Tipos de Poda, el corte de ramas en lugares cerca del tronco o de ramas principales, la utilización de conceptos atávicos como el corte correcto y el CODIT, entre otras barbaridades, estamos llegando a que la cantidad de árboles que son mal podados e incluso talados supera con creces la tasa de reposición de los árboles urbanos en las comunas de la zona central de Chile.


Para entender bien lo señalado es preciso indicar que la sequía se expresa en milímetros de agua caída menores al promedio de 30 años de precipitaciones, por lo que con menos agua los árboles realizan menos fotosíntesis, disponiendo en consecuencia de menos almidón o azucares para dedicar a crecimiento, defensa, respiración y reproducción. Por otro lado, los árboles grandes necesitan mucha más agua que los árboles pequeños, pero los árboles pequeños requieren una mayor frecuencia de riego.

Si a esa precariedad que limita la fotosíntesis se suma una cantidad indeterminada de heridas por poda, eliminación de ramas con reservas de almidón, tala de árboles madre que comparten alimento con los árboles más débiles (Ver Suzanne Simard), muerte de microorganismos cooperativos del suelo, entre otros aspectos, tenemos como resultado que la sequía era el menor de los males.

Lo señalado se explica cuando observamos árboles que nunca han sido podados, los que a pesar de vivir afectados por sequía no presentan problema alguno, debido a que son capaces de autorregularse (homeostasis) y responder a los estímulos externos (irritabilidad), regulando sus disponibilidad de energía (metabolismo). Sin embargo, los árboles que viven afectados por sequía y que han sido brutalizados al cortarles ramas que eran útiles, provocándoles heridas en sus troncos y ramas principales, suponiendo que estarían protegidos por una imaginaria formación de paredes internas, esos árboles están muriendo. 

Árboles del Parque Forestal de Chile. Junio de 2026.

El maltrato que se da a los árboles urbanos, que además viven en suelos poco fértiles y constreñidos, con espacio aéreo repleto de interferencias, produce que sus raíces se encuentren también debilitadas, situación que se convierte en un círculo vicioso al ser brutalizados por poda. En concreto, cuando en vez de cuidar a los árboles se recurre a la poda, se elimina gran parte de sus reservas de almidón, se redirigen carbohidratos para activar sus defensas y se produce un debilitamiento de la capacidad del árbol para rebrotar al año siguiente. Con menor cantidad de carbohidratos disponibles (NSC) el árbol no puede alimentar a todas sus raíces, lo que redunda en debilitamiento de su estabilidad, siendo este el principal motivo de caída de árboles en temporales. Amable lector, la va pispando?

Otro aspecto que se suma a lo señalado radica en la generación mediante poda de las condiciones para que los árboles sean mutilados todos los años. Veamos las imágenes siguiente para comprender a cabalidad lo que se expresa.

 
Preguntémonos ¿Por qué las empresas eléctricas desmochan a los árboles justo sobre los cables de telecomunicaciones (Fibra óptica, internet o televisión) y a pocos centímetros de los cables de baja tensión? La respuesta es fácil: así se obligan a volver todos los años a desmochar de nuevo. Muchas personas señalan que la normativa vigente los faculta para desmochar nuestros árboles urbanos, lo que es falso si se mira esa situación desde el punto de vista de la gestión sustentable del arbolado urbano.

¿Por qué no se maneja la copa del árbol en el espacio que existe entre los 2,0 metros y los 3,5 metros?, justo donde se observa el tronco del árbol sin ramas. Podrían decir que el árbol ya está formado y que no se dejaron ramas en ese espacio de 1,5 metros de altura. pues bien, les cuento que existe una técnica frutícola que se denomina injertación. Amables lector y lectoras, recurro a ustedes nuevamente porque encuentro curioso que los "podadores" hayan sido capaces de tomar lo peor de la fruticultura, que son los Tipos de Poda, y no han recurrido a una técnica milenaria que puede salvar la vida de millones de árboles Urbanos: la injertación. Les comparto algunos videos de redes sociales.

  
 
Me permito preguntar una vez más ¿Cuales creen ustedes amables lector y lectora que es el motivo de seguir desmochando los arboles urbanos y no reconstruir su copa con injertación de sus propias ramas?

Espero que este breve post les permita vislumbrar que otro mundo es posible, un mundo mejor, donde los árboles urbanos puedan realmente contribuir a mejorar nuestra salud mental. De hecho existen estudios que abordan el efecto de las malas podas y la destrucción de los árboles urbanos en la salud mental de las personas, donde sus resultados indican una relación directa entre los árboles y la salud mental. Les dejo un ejemplo: Urban Trees and Human Health: A Scoping Review o también Análisis de los impactos de la estructura y condición de los árboles urbanos en la depresión de los adultos en los Estados Unidos. Les advierto que una buena búsqueda les podría arrojar un gran número de artículos al respecto.
 
Espero que estos planteamientos les sean de utilidad y les sirva para salir de la matrix en que hace tiempo nos tienen metidos los incumbentes, para que podamos apreciar nuevas oportunidades para tener un mejor arbolado urbano. Déjame tus comentarios.
 
Santiago JM Del Pozo Donoso 
Especialista en Arbolado Urbano
Ingeniero Forestal
correo: santiagojm.delpozod@gmail.com  

17 mar 2026

Curso Poda Sustentable del Arbolado Urbano

El conocimiento sobre el árbol se ha acumulado a través de los siglos. Una muestra de ello radica en el libro Historia de las Plantas de Teofrasto, donde se muestra la forma de cultivar y tipo de madera, frutos y extraíbles que se podían obtener de las distintas especies leñosas. No obstante se desprende de su lectura que el producto más importante que se obtiene de los árboles es la madera, de la que depende la construcción de buques de distinto tipo, los edificios, medios de transporte, etc.

En este largo proceso la primera técnica conocida para observar el estado de la madera corresponde a la identificación de "decoloraciones", muy utilizada hasta avanzado el siglo XX. Con la capacidad de observación y el desarrollo del microscopio se identificaron tejidos, órganos y distinto tipo de células y sus características. Al finalizar el siglo XX e inicios del siglo XXI se descifró el genoma humano, lo que permitió utilizar los métodos y técnicas creados para ese fin para realizar estudios a nivel genético y molecular.

Si miramos los avances señalados desde la perspectiva del estudio del Sistema de Defensa de las Plantas, se observa que los árboles poseen tres tipos de defensa, a saber: morfológica, bioquímica preexistente y bioquímica inducida (Agrios. 2005). De esta forma ha ocurrido que el conocimiento ha superado al conocimiento, por lo que a inicios del siglo XXI sabemos que no podemos seguir gestionando los árboles con conclusiones obtenidas de la observación de decoloraciones de la madera: sería absurdo seguir en esa línea.

El curso que se realizará tiene dos características:

  1. presenta una forma de gestionar los árboles utilizando métodos y técnicas nuevas desarrolladas en distintos países en el último tiempo y, 
  2. cuando se refiere al CODIT, Corte Correcto o Tipos de Poda es para exaltar sus deficiencias conceptuales y el daño que su utilización infringe a los árboles.

A continuación les presento un flyer con la información básica. No dudes en contactarme por WhatsApp.

 

 

17 feb 2026

Vaciamiento funcional en árboles: cuando la pérdida de médula y duramen no es enfermedad

Resumen ejecutivo
(https://zenodo.org/records/18496156)

En arboricultura urbana, la presencia de oquedades en árboles suele interpretarse  de forma automática como un signo de enfermedad, pudrición activa o fallo de los mecanismos defensivos. Esta lectura ha conducido, en muchos casos, a diagnósticos erróneos y a decisiones de manejo excesivamente conservadoras, incluyendo la remoción de árboles longevos que continúan siendo funcionales.

En este artículo se propone un marco interpretativo alternativo: el vaciamiento funcional. Este concepto describe la pérdida de tejidos internos como la médula y el duramen —tejidos sin función hidráulica, metabólica o mecánica relevante en el árbol adulto— sin que ello implique patología ni amenaza para la continuidad del organismo. La oquedad resultante no es una lesión en sí misma, sino un estado anatómico estable, compatible con crecimiento y longevidad.

A partir de una analogía fisiológica ampliamente aceptada —la traslocación de reservas antes de la caída de la hoja— se argumenta que no toda pérdida de tejido equivale a daño. Al igual que ocurre con las hojas en otoño, ciertos tejidos pueden dejar de ser mantenidos cuando ya no cumplen una función biológica relevante.

El artículo revisa críticamente el modelo CODIT de Alex Shigo, reconociendo su acercamiento para describir la organización espacial del daño, pero señalando sus límites para interpretar estados anatómicos estables como las oquedades antiguas. Asimismo, se distingue claramente entre compartimentación, inmunidad vegetal y economía tisular a largo plazo, evitando confundir ontologías distintas del daño biológico.

Finalmente, se discuten las implicancias prácticas del vaciamiento funcional para la evaluación de riesgo y la gestión del arbolado urbano, proponiendo una arboricultura centrada en la continuidad funcional del anillo periférico vivo y no en la ausencia de tejidos centrales. Este enfoque invita a una práctica más reflexiva, biológicamente informada y alineada con la realidad funcional de los árboles.

Revisa el artículo completo aquí.